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Más
vale prevenir que lamentar, y por eso las escaleras existentes entre la rúa
Nova de Abaixo y Rosalía de Castro están sembradas de carteles recordando a
los responsables de los diferentes negocios la oportunidad de cerrar las
rejas a partir de las diez de la noche.
Las
denominadas Galerías Belén, en las que a comienzos de los años ochenta se
instalaron numerosos bares que llegaron a hacerle competencia al Franco,
hoy son sede de numerosas empresas que van desde fotocopiadoras hasta
comercios, academias o peluquerías.
Tanto
los pasillos laterales como el paso transversal que comunica las dos calles
cuentan con rejas plegables que permiten cerrar el acceso fuera de la
jornada laboral.
Según
explica el presidente de la asociación de vecinos Raigame el cierre ya se
acordó hace tiempo, y ahora se hace necesario recordárselo a algunos
establecimientos para evitar visitas no deseadas, sea de los cacos como los
que entraron hace un año, como de los participantes en algún botellón
nocturno, para los que resulta muy tentadora una zona a cubierto como esta
.
La
concejala de Limpieza, Marta Álvarez–Santullano corroboró esta situación
señalando que, aunque "la rúa Nova de Abaixo no es en ningún caso un
punto negro de botellón", en general "todas las galerías son
proclives a tener problemas, y en ésta, recibimos varias llamadas del
propietario de un local por los residuos que se acumulaban en la zona,
aunque no pudimos atenderlo porque al producirse en el interior, deja de
ser competencia municipal".
El
propio Ayuntamiento reconocía, tras la última campaña contra el ruido en
los locales nocturnos, que el problema principal que se produce ahora es
mayor en la calle que en los propios establecimientos, especialmente en las
zonas donde tienen lugar los botellones.
Aunque
la Policía Local establece rondasdurante las noches en las que se suelen
producir estos saraos, resulta difícil evitar que algunas zonas amanezcan
sembradas de vasos y botellas.
Endurecimiento normativo
El
problema creciente del conflicto entre la movida nocturna y los que quieren
descansar se ha traducido en un paulatino endurecimiento de la normativa
autonómica y local. En la última ordenanza de ruidos de Santiago se
establece que a las viviendas no puede llegar ningún sonido exterior por
encima de los treinta decibelios. Asimismo, se prohiben en las calles de
las zonas residenciales actividades que sobrepasen los cincuenta
decibelios. Asimismo, se han endurecido las medidas contra los
establecimientos sobre los que pesa una orden de cierre. En el caso de que
retiren el precinto, la Policía Municipal puede proceder a desalojarlo,
mientras que antes tenía que limitarse a presentar una denuncia y a esperar
a que actuase contra ellos la Justicia.
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